El desarrollo y mantenimiento de zonas verdes en los núcleos urbanos conlleva la necesidad de disponer de un sistema de riego eficaz.
La evolución de los sistemas de riego manuales ha conducido a la aplicación de sistemas de riego por aspersión muy frecuentemente utilizados para el riego de parques y jardines públicos.
En este tipo de riego el agua se pulveriza; por este motivo, estas instalaciones están incluidas en el anexo I del Real Decreto 487/2022, de 21 de junio, por el que se establecen los requisitos sanitarios para la prevención y el control de la legionelosis.
El sistema de riego por aspersión está constituido básicamente por una red de distribución de agua; un sistema de control que incluye generalmente un programador, unas electroválvulas y unos difusores o boquillas que la pulverizan y la impulsan hasta las diversas zonas de riego.
Los principales sistemas existentes en el mercado se pueden dividir en dos grandes grupos: emergentes y no emergentes, que engloban tres grandes conceptos:
Durante el funcionamiento de estas instalaciones se generan situaciones que incrementan el riesgo de proliferación de la bacteria de la legionella.
En las revisiones de la instalación se comprueba el correcto funcionamiento, y su estado de conservación de todos los elementos de la fuente ornamental, fuente, boquillas, bomba de impulsión, filtros de agua y equipos de desinfección del agua, cada una de estas revisiones se realiza de acuerdo a la frecuencia que marca el real decreto que puede ser trimestral, mensual o semestral en dependencia del resultado de la evaluación de riesgo realizada por nuestros técnicos .
La toma de muestras en un sistema de riego por aspersión se realiza con la frecuencia mínima que fija el anexo V del Real Decreto 487/2022 para este tipo de instalación. El recuento se realiza según la norma UNE-EN ISO 11731:2017.
** En estas instalaciones también hay que hacer mediciones semestrales de aerobios.
Las medidas del Real Decreto 487/2022 se aplican a las instalaciones que puedan ser susceptibles de convertirse en focos de exposición humana a la bacteria y de propagación de la legionelosis durante su funcionamiento, pruebas de servicio o mantenimiento. Su anexo I incluye, entre otras: